
Cabeza del Buey (Badajoz) es el pueblo extremeño donde nace en 1935 Emilio, está ubicado entre la Sierra de los Pedroche y Comarca la Serena, de ricos quesos y buen aceite de oliva, donde sobrevuelan buitres leonados, águilas reales, e incluso cigüeñas negras, pueblo con historia por su Castillo de Almorchón, la Casa del comendador, por su convento y el Santuario de Ntra. Sra. de Belén.
Emilio es contemporáneo de José Antonio Labordeta, Luciano Pavarotti y Woody Allen entre otros destacados personajes del 1935, es también el año en que murió el famoso cantante argentino, Carlos Gardel...
Cabeza del Buey dio además de hijos como Emilio, a Diego Francisco Muñoz-Torrero y Ramírez Moyano (Cabeza del Buey, Badajoz, 21 de enero de 1761 - San Julián de la Barra, Portugal, 16 de marzo de 1829), unos de los personajes ilustres grabados en la historia de España. Diego Muñoz-Torrero Ruiz-Roso fue sacerdote, obispo, catedrático y político, fue diputado y es recordado por haber sido presidente en las Cortes de Cádiz de 1812, y para muchos, fue el padre de la Constitución de 1812, para los extremeños fue un insigne hijo de su tierra del que sentirse orgullosos.
Volvamos a Emilio Ruiz-Roso Castaño, este caputbovense, hijo de Manuela y Juan, el sexto de siete hermanos, recuerda muchas cosas desde que tenía unos seis años. Empezó a trabajar a los 9 años, cobrando un pequeño salario, cuidando ganado ovino, junto a su padre, una finca agrícola y ganadera de Comarca de Serena, que su padre era el “Mayoral” (igual a encargado). Por las noches tras terminar la faena, al lado de la lumbre su padre le enseñaba a leer junto a sus hermanos, en el libro llamado “El Catón” y a escribir en una “Pizarra”, como su abuelo también lo había hecho con su padre. Empezó a comprender que la formación y el conocimiento eran condiciones indispensables para poder mantener la máxima libertad personal y prosperidad.
Emilio, pasó la mayor parte de su niñez y adolescencia viviendo y trabajando en diferentes fincas de campo agrícola y ganadera de Badajoz, cuidando ganado ovino, con su padre y otras veces con su hermano mayor José, hasta los dieciocho años. De su etapa de niñez y adolescencia dice tener muy gratos recuerdos.
Por sus inquietudes de adquirir conocimientos y poder recibir clases de cultura general por las noches, se enteró que en la estación del ferrocarril de Almorchón necesitaban jóvenes para cargar vagonetas de piedra, para la renovación en las vías del tren, cobraban según metros cúbicos cargados, para ese trabajo era necesario mucha fuerza muscular. Estuvo en ese trabajo hasta que acabaron las obras, casi un año, en el fortaleció su estado físico y mental para la compresión y resolución de las distintas dificultades que se le fueron presentando en la vida.
Como todo joven debía cumplir el servio militar, le tocó ir Jaca (Huesca), y allí aprendió muchas cosas de esas que aprendían los hombres por entonces. Hizo buenas amistades y al licenciarse en junio 1957, un compañero catalán, cuyos padres vinieron a recogerlo en coche, le dio el billete a Emilio, marchando a Barcelona con otros licenciados catalanes con la esperanza de encontrar trabajo. Aunque Emilio era consciente de la importancia de conocer nuevos horizontes, era muy duro ver como casi todos sus compañeros de mili regresaban a su casa y recibirían el cariño de sus seres queridos. Él y sus seres queridos, no iba a poder disfrutarlo, eso le fue muy duro.
En Barcelona un hermano de un cuñado suyo, que trabaja en RENFE le ayudó mucho, y Emilio le está muy agradecido, porque a los pocos días Emilio encontró trabajo haciendo taladros en los bombines que llevan las cerraduras, en función de los que hacia cobraba, estuvo casi un año, marchándose luego como ayudante mecánico en la empresa municipal de transporte; pronto aprendió y se especializó en bombas de inyección diesel. Como no le importa hacer muchas horas extras para ganar dinero y ayudar a la familia, consiguió trabajo en la empresa “Bosch” en reparación de bombas de inyección diesel de los camiones “Pegaso”, llegando a la categoría de oficial de primera, estuvo unos cinco años, y ganó y ahorro bastante dinero.
Emilio salio de Extremadura pero Extremadura no salio de él. A los cuatro meses de estar en Barcelona fue a su pueblo, para ver su familia y pasar las fiestas de San Miguel. Fue en estas fiestas donde Emilio se fijó en una chica que paseaba con tres más y empezaron a charlar quedando para verse por la noche en el baile. La chica era Isabel y durante los años que vivió en Barcelona mantuvo su noviazgo con ella a través de cartas y postales, y siempre que podía iba unos días a su pueblo. Nunca olvidó a sus seres queridos, ni su feliz niñez y juventud, los gratos recuerdos en las matanzas de los familiares, cuando cazaba en las fincas en las que estuvo y pescaba en arroyos y ríos de la comarca, y en primavera disfrutaba de la flora de los campos extremeños a la salida del sol.
Emilio en 1964 ya tenía una buena formación como mecánico y pensó que en Madrid encontraría trabajo y estaba más cerca de su tierra, de su familia y de su querida Isabel para poder ir a verla más a menudo. Por ello decidió ir a Madrid y por suerte rápidamente encontró trabajo. Durante dos años estuvo en varios trabajos, siempre buscando donde le pagaban más. Hasta que junio de 1966 se hizo mecánico en SEAT. Con su afán de superación con 40 años, en escuelas nocturnas llegó hacer maestría industrial del automóvil siendo merecedor de becas del Ministerio de Educación y SEAT. Consiguió ser recepcionista-probador. En SEAT estuvo más de 25 años, hasta su jubilación.
En 1967 se casa con Isabel, comprándose un piso en Aluche, de ahí su acercamiento y pertenencia a nuestra casa regional el Centro Cultural Extremeño de Aluche, al que llegó para estar más cerca de Extremadura y los suyos. Emilio e Isabel han tenido 4 hijos, a los que ha llevado mucho a su tierra y los ha mantenido cerca de su familia y tradiciones, para vivir cargados de energía.
Casi todo el tiempo que tenía libre Emilio se lo dedicaba a su mujer y sus hijos, acompañarles a sus actividades deportivas con su viejo SEAT 124, en él se montaban un número incontable de niños.
Emilio es un hombre curtido, culto, comprometido con la sociedad en la que vive, y por ello siempre que puede recomienda a los jóvenes que intenten alcanzar la máxima formación, porque de ella depende su futuro personal y el de la sociedad. Le preocupa mucho el tema de las drogas, y siempre que puede aprovechar para concienciar a los jóvenes sobre ellas. En la revista “Voz y arraigo” del Centro Cultural Extremeño de Aluche, nº 11 de junio de 2001, y escribe el artículo “Reflexión sobre el consumo de drogas en la juventud y algunas consecuencias”. Emilio que valora mucho la condición humana y la salud. Cuando veía en las calles jóvenes deteriorados por las drogas, siente tristeza. No puede entender que esas personas cuando más fuertes debían estar, en el esplendor de la vida, se encontraran en esa lamentable situación. Tampoco puede entender aquellos políticos que no hacen lo suficiente para cuidar a los jóvenes. Por suerte dice: ahora creo que esa maldita incultura está cambiando.
Emilio, se mete a poeta en 2010, dedicándole unos versos a las mujeres de esta casa regional en el día que ellas celebran Stª Águeda, patrona de las mujeres.
La vida de Emilio ha sido destacable, y por ello ha tenido la suerte de ser reseñado en varias publicaciones periódicas, en la “Revista Gente” (9-10-1999), que decía: “Extremadura es una tierra fértil”, en la Revista “Feria y fiestas” San Miguel 2002, donde Adolfo Ledesma habla de Emilio porque han escrito parte de un libro con su vida, y este es el libro de Luís del Val. Que en el año 2000 escribe “Con la maleta al hombro”, en el que cuenta la vida de varios emigrantes, entre ellos Emilio Ruiz-Roso. En el periódico local de Cabeza del Buey nº 39 de diciembre de 2000, también es reseñado por haber sido participe de ese libro.
Desde luego Emilio destaca por muchas cosas, por su forma de ser, por todas las cosas que le han sucedido en la vida y también por su labor en el Centro Cultural Extremeño de Aluche, al que acude casi todos los días a jugar al domino o las cartas, conversar con los socios y amigos, ayudar en lo que pueda y se brinde, a ofrecernos su sabiduría, sus ideas y consejos, y a apoyarnos y ser parte de este centro.
En junio le podemos ver en la caseta de las fiestas del barrio, en abril en la matanza o día de campo, que se celebra para todos los socios y amigos, va a todas las actuaciones que puede con el Grupo Folclórico de esta casa “Raíces Extremeñas”, ayuda en la preparación de la carroza de la cabalgata del barrio y en la que el CCEA colabora, asiste y participa en las asambleas de socios, y en todo aquello que se le requiere y puede. Al tener voluntad y ser valido para muchas cosas, y con buena disposición, se le tiene muy en cuenta.
Y por ello, por su labor incondicional y apoyo constante, por todo lo bueno que nos da, y en agradecimiento, le hemos nombrado socio del año 2011, del Centro Cultural Extremeño de Aluche.
¡GRACIAS EMILIO!



